Confieso que me cuesta mucho, mucho trabajo empezar a escribir. El siguiente texto fue hecho para un  concurso. La verdad aún no sé si entre a la competencia pero fue la excusa perfecta. Me tomó meses plasmar lo que pasaba por mi mente. Lo quiero compartir. Espero sus comentarios.

 

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Attitude

La vida es un ciclo lunar de mareas. Navegar implica que con cada giro de timón te ubicará en nuevas aguas para seguir sorteando. Reaccionar y estar bien -con uno mismo- cuando todo sale tal cual lo planeamos es fácil, pero cuando el desastre llega a alta mar ya no es tarea sencilla. No tenemos control sobre las circunstancias que se nos presentan pero tenemos el control del cómo vamos a reaccionar ante ellas. El ánimo con el que enfrentamos nuestra realidad, ese hábito lo bautizamos con el nombre de actitud positiva, emprendedora y comprometida;  temple como la fortaleza para afrontar cualquier riesgo.

El periódico de mi universidad. Una tarea complicada. Una buena tripulación; sin capitán. Este navío necesitaba un líder con un compromiso constante y apasionado. Saber integrar a los marinos para trabajar más allá del horizonte era indispensable. Sin embargo, yo nunca conocí al capitán. Mi tarea consistía en escribir, corregir y editar artículos relevantes de los eventos de la universidad. El trabajo conlleva una responsabilidad pero cuando lo amas se convierte en un privilegio. Sin esperarlo, mi hobby no tardó en tener acontecimientos desastrosos.

La renuncia del coordinador de la sección cultural fue la primera tormenta por atravesar. No vulneraba directamente mis actividades pero si fue una advertencia para todos acerca de lo que se avecinaba. A pesar de que nuestro barco estaba fracturado y la desilusión se instalaba en mi mente, nunca la expresé abiertamente y siempre procuré la mejor actitud positiva y propositiva.

La segunda renuncia fue un verdadero tsunami. Se fue el corrector de estilo y ortografía más eficiente que haya conocido; un viejo del mar. En este momento mi área de trabajo había recibido un golpe fuerte de una inmensa ola. Nuestro barco estaba dividido. El periódico recibió duras críticas. Ola tras ola. Decidí sacar a relucir mi ánimo. Mis ganas de trabajar se deslizaban por la borda pero al mismo tiempo recordé que este era el lugar que había elegido por amor al azul inmenso. Cada razón que pronunciaba para dejar hundir el barco conllevaba una razón más para quedarme. Yo era mi propio antagonista. Entre más fuerte era el opositor, más fuertes se volvían mis argumentos para permanecer. Decidí intervenir, remar, por mi cuenta con nuevas ideas y matices. Más marinos se interesaron y abordaron, juntos podíamos salvar la embarcación. Decidí descartar la renuncia como percepción.

            Después de la tormenta vino la calma. Todo indicaba que ganábamos audiencia. Repetidas veces escuche ulular el contenido de los textos por los camarotes; el tiraje se acababa más rápido. El drama hizo más valioso el triunfo. Persistir cuando el agua es tranquila no tiene méritos; es la batalla con un mar picado lo que muestra temple. Impedir que la desilusión te ahogue aunque el viento esté en contra desarrolla un placer personal inolvidable. La  actitud es una manera de pensar y actuar que se convierte en todo un estilo de vida.

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