Generar opinión está tan intrínseco en nuestro hablar que solemos etiquetar y generar juicio sobre acontecimientos o personas de modo automático. Coincido con Hayes que -en nuestro contexto- la definición más acertada para opinión es “reputación”; la consideración que uno goza en la opinión de otro.

¿Qué persona no se ha preguntado qué opina el vecino de uno mismo? Y la pregunta cobra mayor relevancia cuando se está interesado en obtener buena calificación o por el pago esperado que este conlleve, es por esto que a la prensa se le suele llamar el “cuarto poder” por tener como instrumento de poder – en palabras de Bolingbroke- el sentir del la gente; el espíritu del público.

Hayes nos invita a reflexionar sobre los dos tipos de gobierno y cómo este influye en la gente. Por un lado, las democracias tienden a tener dividida la opinión ya que generan espacios para la controversia. Por el otro lado, en monarquías se encargan de tener exclusividad de comprender e interpretar las leyes. La organización política tiene relevancia por las clases sociales que genera y la función que la opinión tiene para el control social.

Primero, las clases bajas no carecen de opinión sobre (por ejemplo) un cuadro de Picasso, sino que sus necesidades básicas no están cubiertas por lo que su interés en las pinturas tiende a cero cuando no tienen qué comer; sus medios de expresión pública están limitados y sus redes sociales no son influyentes ni  tienen espacios de difusión. Segundo, las clases medias tienen medios disponibles y como invierten en educación sus aspiraciones y capacidades de mover el status quo se incrementan. Tercero, las clases altas tienen los mayores recursos disponibles y los incentivos a controlar la opinión pública es mayor para ostentar el poder durante más tiempo, y hasta –quizá- posean periódicos y se autogeneren publicidad de manera más eficaz

La opinión sirve a las tres clases por igual, da etiquetas a los sucesos  y personajes que influyen en su día a día, no obstante la opinión tiene diferente resonancia. Como una pieza de Vivaldi, unos orquestan como solistas llevando la melodía, otros son segundos violines con volumen medio y otros son las percusiones que con tonos más delicados y sus silencios forman lo que llamamos opinión pública, “que no exento de la posibilidad del error”, usa su música para generar popularidad.

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